—Un momento —dijo Marta apurando un último trago de su copa y levantándose del sofá— Voy al baño.
Sabía que su explicación había creado bastante interés. Hablar de todo eso la excitaba, pero lo que más le gustaba era ser el centro de sus miradas. Pasó por encima de las piernas de Javier al ritmo sensual de esa música rara que le gustaba a María. Los demás la siguieron con una sonrisa, como si la explicación del juego tuviese algo de desafío. A ella no le hacía falta mirarlos para saber que le estaban mirando el culo, podía sentir sus miradas como si acariciaran su piel. Salió del comedor dando pasos cortos y rápidos, moviendo las caderas y arrastrando un poco sus sandalias.
Los demás se quedaron dónde estaban. Pedro y Julio, que estaban sentados en las sillas que estaban frente al sofá, miraron un segundo el hueco que había dejado Marta, pero no se movieron de su sitio. Javier se estiró para servirse la última copa que quedaba en la botella.
—Voy a buscar otra —dijo Julio levantándose de la silla como si de pronto pesara 50 kilos más.
—Trae una de blanco ¿vale? —Le pidió María haciéndole morritos.
—Como guste la señora.
María se rió como una niña.
—Como está el servicio —se quejó Neus levantando la nariz y negando con la cabeza. Todos rieron.
Por suerte, Marta había sacado el tema del juego y parecía que ahora se comenzaban a despertar. La comida había sido abundante y bien regada de vino, y habían pasado unos minutos críticos en los que parecía que se iban a dormir sentados en el sofá. La sobremesa se había trasladado al salón, donde entre el sofá y el sillón se habían sentado todos salvo Pedro y Julio que estaban en las sillas que habían traído de la mesa del comedor.
—¿Tú crees que nuestros hijos habrán hecho algo así? —preguntó Neus con una sonrisa en sus ojos mientras acariciaba distraída el borde de su copa.
Julio llegó con la botella de Chardonnay y sirvió un poco a las copas que ya estaban vacías.
—¿Y por qué no? —preguntó Javier— ¿O es que nosotros éramos unos muermos atolondrados?
—Tu, seguro que no —dijo Julio con una carcajada que contagió a todos.
María se irguió en el sillón sacando pecho y haciendo que su camisa se estirara para dejar ver el escote enorme que se perdía en su cuerpo.
—Bueno, nosotros hacemos nuestras cositas.
Pedro sonrió desde su silla.
—Como todos, es normal —dijo mirándola fijamente.
—Claro —le contestó María con una sonrisa.
Marta volvió y se sentó en el hueco que había dejado en el sofá, junto a Javier y cerca de María. Julio le devolvió su copa llena ahora del dorado vino blanco. Neus la seguía con la mirada, se había quedado con la boca medio abierta, como si intentara descifrar algo.
—¿Y cómo dices que hacen?
—Sí —contestó Marta inclinándose hacia ella, tocando con sus rodillas el muslo de Javier que estaba entre ellas—. Los chicos se sientan en las sillas…, que están en círculo —dijo dibujando un círculo con la mano sobre las piernas de Javier que miraba con atención— y las chicas se van sentando sobre ellos…
—Pero se meten la polla, ¿no? —interrumpió Pedro.
—Claro —dijo Marta sonriendo, mirándole fijamente a los ojos mientras bebía un sorbo lento, besando el borde la copa—, o si no, dónde está la gracia.
—No sé —resopló Pedro—, lo veo un poco tonto…
—Ah, pues yo lo veo… excitante —dijo María tirando la cabeza hacía atrás y levantando los brazos, estirándose. De nuevo todos volvieron a mirar como ponía a prueba la resistencia de su camisa con sus pechos.
—¿Te ponen cachonda esos juegos? —le preguntó Javier sin dejar de mirarle el escote.
—¿Y por qué no? —le contestó María que lo miraba con una sonrisa mientras se inclinaba hacia delante haciendo que el ángulo del escote se perdiera en las profundidades.
—No sé —dijo él revolviéndose en el sofá y rascándose la nuca—, nunca habíamos hablado de eso.
—Bueno… nosotros no hemos hecho eso exactamente… pero hemos hecho otras cosas… Somos muy abiertos —sentenció María, tirando el pelo para detrás de su hombro y dejando los párpados un poco caídos, como si un placer infinito se dejara ver por la comisura de su mirada—, ¿verdad cariño? —dijo, girándose hacia su marido.
—Claro —contestó Julio mientras le servía otra copa de vino y se la pasaba.
Javier los miraba como si estuviese en presencia de algo fabuloso o, mejor dicho, algo delicioso.
—Ya… A Marta no le gustan esas cosas —lo dijo con un tono que no era de reproche, era más bien de una búsqueda de una complicidad con los demás, como sí Marta no lo entendiese…
—Eh —le respondió Marta dándole con la mano en el hombro—, yo nunca he dicho eso.
Javier se la quedó mirando unos segundos; no parecía molesta, más bien divertida.
—Es verdad —contestó Neus y le guiñó el ojo a Marta, logrando arrancarle una risa nerviosa—… A mí me ha dicho otra cosa…
—¿Ah sí? ¿Qué cosa? —preguntó Javier sonriendo y girándose para ver a Marta que estaba completamente roja y con sus largas piernas enroscadas en sí mismas.
—¿Se lo dices tú o se lo digo yo? —le preguntó Neus.
Marta se llevó las manos a la boca intentando matar su sonrisa. Después de un par de respiraciones profundas volvió a su serenidad elegante de siempre, pero seguía roja, con la mirada clavada en los dibujos de la alfombra que tenía bajo los pies.
—Pues —susurro Marta clavándole los ojos a Javier ante la expectación de todos—… Que… —se mordió el labio— Que me gustaría follarme a un negro.
Los ojos de Javier se abrieron al mismo tiempo que sus labios se despegaban para decir una palabra que no salió.
—¿Solo a uno? —preguntó Neus levantando una ceja y apretando la sonrisa.
—Vale —dijo con una mirada entre culpa y suplica—…, a dos —confesó Marta con hilo de voz.
Javier soltó aire como si tuviera una fuga por la nariz. Julio con su risa ronca los desesperó a todos que se unieron a él en carcajadas, no tanto por la confesión de Marta como por la cara de Javier.
—Joder, Marta —rió Javier mirándola a ella y luego a todos— Nunca me habías dicho nada.
—Es que me da vergüenza —dijo inclinando la cabeza hacia abajo sin dejar de mirarlo mientras se volvía a morder el labio.
Neus y María se miraron un momento y se sonrieron.
—No te creas que es la única que tiene fantasías ¿O es que tú no tienes? —dijo María sin dejar que Javier respondiera—. Lo que pasa es que ella todavía no ha hecho la suya realidad — y tiró de nuevo el pelo detrás del hombro con una sonrisa burlona y le guiñó un ojo a Neus que, sin negar nada, se llevó la copa a los labios mirando al techo un par de segundos como si lo que había insinuado María no tuviese nada de especial.
Javier miró a Neus, tan modosita, sentada en el sofá con las rodillas juntas de lado, la espalda tan recta, sorbiendo delicadamente su chardonnay, casi como si soplara de su copa. La estaba mirando cuando sus grandes ojos almendra se encontraban con su mirada. Neus lo vio pasar de mirarle a los ojos a recorrerle todo su cuerpo, examinándola, tratando de adivinar que fantasías eran las que había llevado a cabo… Le costó un par de segundos saber por qué la miraba así. Cuando se dio cuenta se rió tanto que casi se le salió el vino por la nariz. Se tapó la boca con la mano, esforzándose por tragar el vino y no escupirlo entre carcajadas mudas.
—Uff —suspiró mientras ella se abanicaba con la mano—, estoy sudando.
Entre las risas de los demás Neus intentó recobrar la compostura sin demasiado éxito—. No creo que ninguno de nosotros sea un mojigato.
—Las fantasías son para cumplirlas —agregó María— ¿o te vas a quedar con las ganas? Bueno. Que cada uno haga lo que quiera. No voy a ser yo quien juzgue por hacer o dejar de hacer.
Marta cruzó los brazos y frunció el ceño y los labios volviendo a ser la niña que a veces sacaba a pasear y que tanto le gustaba a Javier.
—Calla, que tú ya te has tirado a dos negros —dijo con su mejor voz de niña malcriada mientras apretaba sus brazos cruzados sobre su pecho que se abultaba sobre sus antebrazos.
—Bueno… solo lo hicimos una vez —respondió mirando a Julio.
Javier los miraba como si hubiesen aparecido de la nada. Tardó unos segundos antes de poder articular una palabra.
—¿Y a ti no te molestó? —le preguntó a Julio.
—¿Por qué me iba a molestar? —sonrió satisfecho mientras miraba a María— Ella se lo pasó muy bien. Fue mi regalo de aniversario.
—A ver si aprendes a hacer regalos— le dijo Marta dándole un codazo en las costillas que Javier pareció no sentir, seguía inclinado hacía Julio sin dejar de mirarlo.
—¿Y tú… estabas delante… cuando…? —se restregó la cara con la mano.
—Claro, lo filmé todo —dijo Julio con la serenidad de la experiencia—. Era parte del regalo. Yo hacía de director, les decía a los chicos lo que tenían que hacer.
Javier se recostó contra el respaldo del sofá, se pasó las dos manos por la cara y volvió a inclinarse hacía Julio.
—Yo no sé si tendría celos.
—Idiota —dijo Marta, pero Javier no la escuchó.
—María no es mía —rió Julio—, y yo solo quiero que se lo pase lo mejor posible. Ya somos lo suficientemente mayorcitos como para ser sinceros con nosotros… Ella siempre fue así, desde que la conocí… siempre hemos hecho todo lo que se nos ha ocurrido.
—Una cosa es el amor y otra divertirse —sentenció Neus sonriéndole a Pedro que le lanzó un beso mudo.
—¿O tú te crees que si te dan un masaje te tienes que casar con el masajista? Es solo sexo —dijo María.
Los ojos de Javier tenían un brillo como si hubiese encontrado un baúl lleno de joyas.
—Ya… —dijo perdido en sus pensamientos.
Marta lo miraba fijamente con una sonrisa mientras acababa su copa de vino.
—Es que es más cerrado el bruto.
—Yo no soy cerrado —dijo Javier como si volviese de un sueño—. Solo que… No sé… No sé cómo reaccionaría.
—Pobre Marta, tantas fantasías y no puede cumplir ninguna —dijo Neus como si fuese que Javier no le dejara comer un dulce.
De pronto Javier vio que los demás lo miraban expectantes, entonces pareció entender algo.
—¿Vosotros… también os acostáis con otra gente? —le preguntó a Pedro.
—A veces… —contestó mirando primero a Julio y luego a María, que le devolvió la sonrisa con un guiño.
La cara de sorpresa de Javier fue como si hubiese recibido una bofetada.
—Vosotros cuatro…
A Julio casi se le salió el vino por la nariz y Pedro, que estaba junto al sillón de María, se estiró hacia adelante y le acarició la rodilla, ella se reía a carcajadas.
—Pero…
—Es que nunca queréis venir a nuestras escapadas rurales —le dijo Julio riendo con todo el cuerpo.
Javier se giró hacia Marta.
—¿Tu lo sabias?
—Claro idiota, si te lo dije.
Javier interrumpió su sorbo de vino y se giró hacia Marta.
—¿Cuándo?
Marta le sonrió.
—¿Cuándo te preguntaba si te gustaba María o Neus?
—Pensaba que era la típica pregunta trampa ¿Por qué no me lo explicaste?
—Para que no juzgues —le contestó frunciendo el ceño—. Siempre lo haces.
Javier miraba a la alfombra negando con la cabeza.
—Pero nosotros sí que lo habíamos hablado… Ya habíamos hablado de eso… de acostarnos con alguien más, y tú no querías —dijo como si estuviera hablando con él mismo, intentando entender.
—¡Querías un trio con mi hermana! —le dijo Marta con un tono de indignación. Javier la miró intentando averiguar el humor real de su mujer.
—Bueno… —le dijo levantando las cejas— Si es lo mismo…
—Yo no quiero follarme a mi hermana.
Todos rieron. Javier estaba rojo. Neus tuvo que salir corriendo al lavabo con las rodillas juntas y las manos en la entrepierna como si intentase sujetar cualquier posible fuga producida por la risa y el vino.
—Bueno no os peleéis… Que cada uno haga lo que le apetezca —dijo Pedro recuperando el aliento —. No hay que forzar.
—Ya… —se resignó Marta.
—Ten, que habláis por no tener nada para beber —María se estiró y cogió la botella de vino y les rellenó la copa a los dos.
Javier miraba el cuerpo de María como quien calcula posibilidades. De pronto como si todavía hablara con él mismo despegó los labios
—Y vosotros querríais… Digo… Con nosotros… Si…
—Claro, por eso os invitamos al principio —le contestó María.
—Que gilipollas… —se dijo Javier a sí mismo, negando con la cabeza. Marta, no dejaba de mirarlo con una sonrisa. Le acarició la cabeza.
—No le deis mucha cuerda que este se saca el rabo aquí mismo.
Todos se rieron. Julio, que se había levantado, le dio un manotazo en la espalda a Javier.
—Pero ya sabes —le dijo apretándole el hombro—… esto va de ser generoso, no al revés.
—¿Qué?
—Que tienes que dejar que todos se lo pasen bien.
—¿Eh? Sí… Claro
—Sobre todo Marta.
—Claro, claro.
Marta entrecerró los ojos, desconfiada.
—¿Cómo te sentaría verme chupársela a otro? ¿O que me follaran dos y tu mirases?
—Uff… No sé ¿Qué me harían a mí?
Todos se volvieron a reír.
—Imagínate que solo miras… —le dijo Pedro— ¿No te excitaría?
Javier miró a Marta, luego a Pedro y a Julio.
—Supongo.
—Solo ver que la follen —dijo Julio.
Marta seguía mirando a Javier con una sonrisa extraña, expectante.
—Ya… pero sin hacer nada… solo mirar…
Pedro levantó las cejas.
—Hay que aprender a disfrutar viendo disfrutar. Si te quitas el lastre de los celos…
—Que fácil —resopló Javier sacudiendo la cabeza.
—Claro que es fácil —le dijo María y comenzó a acariciar el paquete de Pedro que estaba sentado en la silla, a su lado. Neus sonrió.
Neus le guiñó un ojo a Marta.
—Bueno… Marta nos estaba explicando lo del juego ese…
—Ah, sí —dijo María sin dejar de acariciar el paquete de Pedro que se había abultado bastante.
—Sí… Eh… —continuó Marta sin apartar la vista de la mano de María — Creo que ya lo dije todo, ¿no?
—Solo has dicho que los tíos se sientan y las chicas los montan ¿ya está?
—No, no… Las chicas se los follan durante treinta segundos, y luego cambian de pareja.
—¿Y quién gana? —preguntó María
—Pierde el tío que se corra antes.
—¿Y las chicas? —preguntó María—Es un poco machista así, ¿no?
Marta asintió resignada.
—Bueno, los críos de ahora son muy machistas.
—Debería ser que gana la chica que consigue hacer que se corra el tío en sus treinta segundos —sentenció Neus.
—Ya, pero piensa que eso lo juegan críos que se corren al rozarlos un pelo de coño. Supongo que eso se lo inventaron las chicas para que los tíos aguanten un poco.
—Igualmente treinta segundos es ridículo —dijo Javier—. Tendrían que ser tres minutos…
—Con un minuto yo puedo hacer que te corras —le dijo María mirándolo con una sonrisa.
Marta miraba a Javier con atención.
—Habría que verlo, dudo que por muy bien que lo hagas… —le contestó él recostándose en el sofá.
Julio le guiño el ojo y se levantó, poniéndose detrás del sillón donde estaba María y acariciándole el pelo. Ella se giró hacia atrás y le sonrió.
—María es la mejor chupando —sentenció Julio—. Lo hace de una manera que parece que te va a dar algo cuando te corres.
—Ehemm —dijo Neus.
—Tú también lo haces muy bien, pero tienes que confesar que mucho lo has aprendido de ella —le dijo Julio.
—Vale, pero yo también le he enseñado algunas cosas.
—Joder, y tanto.
Todos rieron, Marta con una risita de que tenía más de ilusión que de complicidad.
María dejó el paquete de Pedro y se levantó del sillón.
—¿Puedo? —le preguntó a Marta que la miraba con los ojos como platos.
—Sí, claro — contestó con una sonrisa nerviosa.
—¿Si puede qué? —preguntó Javier a Marta.
—Hacer que te corras en menos de un minuto —dijo María poniendo los ojos en blanco— ¿Qué va a ser?
—¿Seguro? —preguntó Javier mirando primero a Marta que se había girado para quedar encarada a Javier, y luego a los demás que lo miraban con una sonrisa. Julio que se había sentado en el sillón que había quedado libre, levantó su copa a modo de brindis. Los demás se acomodaron en sus asientos mientras María se puso frente a Javier y se arrodilló entre sus piernas.
—Déjame —dijo María acariciando el paquete de Javier.
—¿Aquí? ¿Con todos?
—Qué mojigato eres —dijo María— ¿Qué problema hay? Además, Marta seguro que quiere mirar.
—Claro —dijo acercándose a la cara María.
Cuando abrió el pantalón la polla de Javier estaba bastante flácida.
—¿Te da corte? —le preguntó María mientras le acariciaba.
—Un poco.
—No te preocupes…
María miró a Julio, que tenía el móvil en la mano.
—Ya —dijo mientras ponía en marcha el cronometro.
Sin decir nada más, María se metió la polla entera en la boca. Javier noto la lengua de María moviéndose como algo separado de su boca, sentía como se enroscaba por todos lados, no paraba de pasar por su glande, recorrerla entera, succionando y lamiendo, todo al mismo tiempo. En cuestión de segundos su polla ya latía enorme y dura. Entonces María cambió de táctica, comenzó a succionar y mover la cabeza de una forma frenética. Solo paraba para lamer la polla por fuera.
—Sí que eres buena… —dijo Marta con admiración.
Javier solo podía gemir casi sin ver que todos lo estaban mirando.
Julio tenía el móvil que hacía de cronómetro, miraba a María y a la pantalla del móvil.
—35 segundos, 37…
María aceleró. Javier comenzó a respirar cada vez más fuerte y a tensarse. Ella le cogió de las caderas y apretó para meterse la polla entera sin parar de mover la cabeza arriba y abajo.
—42…43…
Todos comenzaron a animar a María.
—Va que ya casi lo tienes —le gritó Neus dando aplausos como si animara en una carrera.
—Sí —dijo Marta eufórica—, esa cara me la conozco.
Javier se estaba tensando y gemía.
—54…
María levantó la mano mientras Javier seguía gimiendo. Se separó de él dejando un puente blanco entre su boca y la polla de él. Se giró con la boca abierta para que todos vieran que estaba llena de semen.
—54 segundos —dijo Julio con un gesto de alivio— casi al límite.
María cerró la boca y tragó, le dio un trago a su copa y se levantó revolviéndole el pelo a Javier.
—Es que el señor estaba muy tímido al principio, eso me hizo perder como 15 segundos. La próxima vez lo puedo dejar en menos de 40.
—Joder —dijo Marta con una sonrisa—, eres una pasada.
—Bueno —dijo María dándole un beso en los labios—, todo es practicar.
Cuando se separó de ella, Marta se pasó la lengua por los labios.
Javier seguía con los pantalones bajados mientras su polla se iba encogiendo como un molusco.
—Pues ya sabemos quién ganaría en el juego, ¿no? —dijo Julio con una sonrisa.
—Eso habría que verlo —respondió Marta.
—¿Os animáis? —Neus que estaba junto a la silla de Julio ahora le acariciaba la entrepierna.
—No sé si Javier va a poder —dijo Pedro señalando la polla contraída de Javier.
—Dadme un momento —contestó Javier recuperando el aliento.
—Bueno —dijo Neus poniéndose de pie y mirando a todos—. Las reglas son: treinta segundos y hay que cambiar. La que logre que su pareja se corra en ese tiempo gana.
—Pero no vale, si toca Javier —se quejó María—… Él ya se ha corrido…
—Eso es verdad… Bueno —dijo Neus mirando a Julio y a Pedro—, pongamos a los chicos en igualdad de condiciones —y cogiéndole de la muñeca a Marta, la levantó del sofá y la llevó a donde estaba Pedro y Julio. Marta se giró a mirar un momento a Javier que le estaba sonriendo, levantó las cejas a modo de pregunta y él asintió. Se arrodillaron y desabrocharon los pantalones a Pedro y Julio, que con dos movimientos se los bajaron hasta los tobillos.
—Tampoco están tan duras, ¿eh? —dijo Neus con la polla de Julio en la mano moviendo como si fuera un juguete de goma. Marta la miró un momento y luego cogió la polla caliente de Pedro que estaba un poco más dura que la de Julio. La notaba latir entre sus dedos. Se acomodó un poco, colocó su pelo tras la oreja y se la metió en la boca. María se acercó a ella para darle consejos.
—Succiona, hazle vacío en la boca, así se le pondrá dura más rápido.
Marta obedecía succionando, ahuecando sus mofletes y dejando sonar un pop cada vez que la sacaba de la boca.
Javier seguía la escena con atención, poco a poco la excitación volvía. Marta movía cada vez más rápido la cabeza, tal como le indicaba ahora María, que le acariciaba el culo sobre el vestido. Pedro, que casi no podía abrir los ojos, metió los dedos en entre el pelo de Neus que tenía los huevos de Julio en la boca mientras su mano subía y bajaba por la enorme polla ya completamente dura. Ellos comenzaron a gemir.
—Vamos, chicas —arengó María —A ver quién gana.
Ellas se miraron un momento con una expresión divertida, se metieron las pollas en las bocas y comenzaron a chupar todo lo rápido que podían. Succionando, lamiendo y chupando. Marta pilló un ritmo un poco más lento que Nuria, pero moviéndose mucho más, llegando a la base de la polla de Pedro y subiendo de nuevo hasta succionar el glande y volver a bajar. Javier los miraba con una sonrisa, ya estaba nuevamente empalmado. Pedro comenzó a retorcerse y a gemir más fuerte. Marta aceleró, pero sin dejar su recorrido; chupando con todo el cuerpo. Estaba haciendo eso cuando levantó la mano sin dejar de moverse. Los ruidos que hacía Pedro no dejaban lugar a dudas de lo que estaba pasando.
—A ver, a ver —le pidió María sacudiendo las manos y haciendo señas para que mostrase la boca. Marta se sacó la polla de la boca que salió limpia y brillante. Se giró hacia los demás, abriendo la boca llena de semen.
—¡Ganadora! —proclamó María mientras Javier se levantaba de un salto como si festejara un gol.
—¡Toma ya!
Justo en ese momento levantó la mano Neus.
—¡Cahoón! —dijo dando un cachete en el muslo a Julio. Se giró con la boca abierta, mostró el semen y se lo tragó, y con el dedo empujó dentro una gotita que se le escapaba entre la comisura de los labios— Joder —dijo volviéndose de nuevo hacia Julio—. Has tardado un huevo ¿Te has estado pajeando verdad?
María reía detrás de ella.
—No es mi culpa —se disculpó Julio entre suspiros—. A esa velocidad… en el glande daba una sensación rara…
—Bah, da igual —dijo y le dio un beso en los labios—. Ya me lo compensarás.
Marta, que la estaba mirando con la boca aún abierta, la cerró por fin y tragó, cogió una copa de vino y se la bebió en dos tragos.
—¡Joder! —le dijo Javier— ¿Te lo has tragado?
—Sí —contestó secándose con la manga del vestido.
—Joder, el mío nunca te lo tragas…
Marta se mordió el labio.
—Es que se lo tragan todas —se disculpó encogiéndose de hombros—… No iba a quedar mal, ¿no?
—Vale, vale…
—Luego te lo compenso —le dijo guiñándole un ojo y dándole un beso en los labios.
María se acercó a Javier y le acarició la polla que seguía dura.
—En grupo la gente se suelta más ¿verdad? —le susurró al oído. Luego, sin esperar respuesta de Javier, cogió a Marta y Neus por la cintura y se giró hacía todos— Un aplauso a las chicas.
Todos aplaudieron.
—Saca el Champagne —dijo Julio con los pantalones por los tobillos y su polla cada vez más pequeña.
—Sí. Esto lo tenemos que festejar —dijo María yendo a saltitos hacia la cocina.
—¿Entonces queréis jugar? —preguntó Neus.
—Por mí, genial —dijo Javier que era el único que seguía empalmado. Marta lo besó riendo.
—Esperad —gritó María desde la cocina—No hagáis nada sin mí.
—Que sí —le respondió Neus.
María volvió con seis copas y la botella de Moët & Chandon, les pasó una copa a cada uno.
—¿Moët Chandon? Pensaba que traerías cava —le dijo Pedro mientras cogía su copa.
—Es que la tenía lista para una ocasión especial —dijo María mientras le pasaba la botella a Julio que la abrió casi sin hacer ruido.
—A mí me encanta el Champagne. Me gusta más que el cava —dijo Neus.
—Que lista, si vale como cinco veces más —le dijo María.
Pedro miró un segundo la copa que le estaba sirviendo Julio.
—A mí me gusta, pero hay cavas más buenos que el Champagne.
Javier resopló.
—Y hay Champagne más buenos que este… Y más caros…
Julio reía mientras acababa de servirse su copa. Los demás estaban con las suyas expectantes.
—Primero un brindis, ¿no? —propuso María levantando la copa.
—Por el inicio de una nueva era —dijo Pedro.
Todos miraban a Marta y a Javier.
—Por fin —dijo Marta
—Por fin —dijeron todos y Javier asintió con una sonrisa. Se bebieron las copas de un solo trago.
—Bueno —dijo Neus intentando organizar—… Ponemos la alarma para que suene cada 30 segundos. Cuando suene hay que cambiar, ¿nos movemos como las agujas del reloj?
—Vale —contestó Marta.
—¿Qué cosas valen? —preguntó María.
—¿Vale chupar? —preguntó Marta
Neus miró al techo apretando los labios mientras valoraba la propuesta.
—Mejor que no —interrumpió María—. Solo penetración, que nosotras también nos queremos correr, ¿no? —y le guiñó un ojo.
—Sí —dijo Neus volviendo a la realidad con una sonrisa—, nada de mamadas.
—Por delante y por atrás ¿no? —preguntó Marta
María y Neus se miraron con sorpresa y se rieron. Julio le sonrió a Javier y le dio un codazo en las costillas.
—Mira como se ha desmelenado.
—Pues faltaría lubricante —dijo Javier que no había escuchado a Julio.
—Sí, ahora lo traigo —dijo María mientras salía del comedor.
Neus se fue a la mesa a servirse otra copa de Champagne. Marta se le acercó mirando a los hombres que estaban sentados en el sofá con los pantalones nuevamente en su sitio.
—Deberíamos poner algún castigo para el que se corra primero.
—Sí, así los obligamos a durar —dijo Neus mirándolos con los ojos entrecerrados, mientras ellos reían en el sofá.
—El que se corra no sigue en la siguiente ronda —sentenció María que volvía con un bote de lubricante bastante grande y lo dejaba frente a los hombres.
—Me parece justo —dijo Julio cogiendo el bote y sopesándolo un momento.
—Y a mí —dijo Pedro sin dejar de mirar a Marta.
—Vale —dijo Javier como si supiera que iba a ser él.
Marta negaba con la cabeza.
—Pero nosotras somos tres… Una se va a quedar colgada si se descalifica al que se corra.
—Es verdad… —dijo María mordiéndose el labio inferior.
—Una bofetada bien fuerte —interrumpió Neus entre risas.
—Vale y quien se la da.
—Una cada una —sugirió Neus en un ataque de risa que contagió a todos. Y a todos les gustó la idea.
—Vamos a poner las sillas así —dijo Marta colocándolas para formar un triángulo en el centro del salón.
María se acercó al equipo de música y subió el volumen. Sonaba una música caribeña, cubana posiblemente.
—Así disimulamos los ruidos —dijo guiñando un ojo.
Luego se fue a donde estaba el control de la temperatura y lo subió también. Se giró hacia los demás dando palmadas.
—Nos desnudamos, ¿no?
Todos se pusieron de pie en el centro del salón. Julio se quitó la camisa y ayudó a María con la falda. Javier comenzó a desvestir a Marta que no paraba de reír mientras se desnudaba, y él aprovechaba para hacerle alguna que otra cosquilla.
—Tenías ganas de hacer algo así, ¿verdad?
—Sí — contestó Marta abrazándolo y dándole un beso en los labios.
En cuanto se desnudaron ellos se sentaron en las sillas. Ellas se quedaron en el centro.
—Bueno, a nosotras nos falta algo de calentamiento. Y a vosotros… —dijo Neus señalando los penes flácidos de ellos.
María se sentó de rodillas y cogió a Marta de la muñeca.
—Ven.
Ella se arrodilló y María la cogió de la nuca y comenzó a besarla como si se la quisiera comer. Neus que estaba mirando se giró para ver la reacción de ellos en sus penes.
—Va funcionando, ¿eh? —les dijo con una sonrisa. Luego se agachó a coger la mano de Marta y apoyarla contra su coño. Inmediatamente Marta comenzó a acariciarlo, primero con suavidad y luego comenzó a meter poco a poco sus dedos. María hacía lo mismo con Marta. Neus estiró su mano y comenzó a acariciar las nalgas de María que las levantó para que le fuese más cómodo.
Ellos miraban sin decir nada, bebiendo de sus copas mientras sus pollas se endurecían a latidos.
María se giró y cogió la botella de Champagne, acercó su teta a la boca de Marta y le metió su pezón, se tiró un poco del Champagne por el pecho para que bajara resbalando por su enorme teta hasta llegar a los labios de Marta que bebió como si se estuviera alimentando de ella. Luego la tumbó boca arriba, dejando que le chupara el pezón hasta que estuvo completamente acostada, entonces se separó con un plop, le abrió las piernas y le tiró otro poco de Champagne por el coño; le dio un trago a la botella y se la pasó a Neus. Se metió entre las piernas de Marta y comenzó a chuparle. Neus bebió de la botella y se sentó sobre la cara de Marta que comenzó a lamerle el coño. Las respiraciones cada vez más agitadas dieron paso a los gemidos. Las pollas de los hombres apuntaban al techo con los glandes púrpuras y brillantes.
Cambiaron varias veces de postura, se metieron la lengua por todos los sitios, mordieron y chuparon, acariciaron y lamieron, succionaron y apretaron. Jugaron, con risas y susurros, gemidos y suspiros. Se conocieron más, sus cuerpos, sus límites… Marta tenía un ano bastante elástico y María casi pudo meterle toda la punta de la botella de Moët & Chandon mientras ella se estremecía con los ojos en blanco y el coño chorreante de champagne, saliva y sus propios fluidos.
María de pronto miró a los hombres casi sorprendida de que estuvieran ahí.
—Bueno, vale ya —dijo retirando la botella del culo de Marta—, que me parece que no nos van a durar nada las rondas.
Ellos se rieron sin fuerza.
Cada una se acercó al que tenía más cerca. Neus se fue con Julio que le dio un cachete en el culo al que ella respondió con otro en el brazo. María dudó un segundo y se fue con Javier. Marta se fue hacía Pedro.
—Bueno —dijo Julio— pongo el móvil para que pite cada 30 segundos
Ellas se pusieron como si se fueran a sentar en las sillas con el culo cerca de las caras de ellos. Sus pollas apuntaban hacia arriba esperando meterse dentro de esas cuevas calientes, húmedas y resbalosas.
Julio terminó de preparar el móvil.
—Preparadas… Listas… Ya… —dijo dejándolo en el suelo.
Ellas metieron las manos entre sus piernas y cogiendo de las pollas se sentaron metiéndoselas lo más rápido que pudieron y comenzaron a cabalgar sobre ellos. Primero con cierta calma, apretando las caderas contra las pollas y moviéndose las tres al mismo ritmo. Se miraban como si se estuviesen follando entre ellas, de alguna forma extraña, por medio de esas pollas que las conectaban. Comenzaron a subir el ritmo poco a poco sin dejar de mirarse, acariciándose los pezones y… Sonó el pitido. Las tres volvieron en sí y salieron corriendo. Marta con Julio, María con Pedro y Neus con Javier. Esta vez Neus se puso a horcajadas y le metió la teta casi entera en la boca a Javier.
—No te ibas a librar de mi ¿eh? —le dijo mientras se metía su polla bien adentro, resbalando donde antes había estado la de Julio. Se movió de forma violenta, llenando del miembro de Javier. Volvió a sonar el pitido. Cambiaron. Ahora cada uno estaba con su pareja de siempre, Marta con Javier, María con Julio y Neus con Pedro. Marta se acercó a Javier sonriendo, estaba radiante, roja y despeinada. Se sentó despacio sobre él, con cuidado para meterse su polla por el culo que resbaló hasta el fondo. Se balanceó despacio apretando con el esfínter.
—Tú quieres que me hostien ¿verdad? —susurró Javier apretando los dientes.
Marta rió sin fuerza entre dos gemidos. En unas pocas embestidas sonó nuevamente el pitido. Todas cambiaron lo más rápido que pudieron dejando las pollas brillantes y lubricadas tras ellas para meterse otras, duras resbaladizas y calientes. Todos respiraban cada vez más fuerte.
La primera en llegar al orgasmo fue Marta, y le duró hasta 3 pitidos, es decir que pasó por tres pollas diferentes en una yuxtaposición de orgasmos, pollas y pitidos. Se le sumó Neus que comenzó a gemir y dar grititos que no pararon. El de María fue violento y le costó horrores salir de Javier, casi tuvo convulsiones y cada tanto le volvían en la polla de Julio o Pedro o Javier.
Para ellos la cosa estaba cada vez más complicada. Estaban tensos y sudados, intentando con todas sus fuerzas no correrse, en parte por miedo a inaugurar la ronda de bofetadas, pero también porque ninguno de los tres quería ser el primero. Ninguno quería arruinar el espectáculo de ver cómo ellas se corrían una y otra vez, por delante y por detrás, gimiendo de esa forma salvaje, animal, primitiva. Parecía que en dos embestidas más se correrían, llenándose de semen… pero justo sonaba el pitido, y se cortaba el ritmo, y otro coño o ano resbaloso ocupaba el lugar del anterior, pasando de una polla a otra en una espiral de placer interminable.
Por Julia Moralli