Explicado por Luís
Estaba sentado cómodamente esperando a que la chica se despertara del efecto del narcótico. Eva estaba colgada del techo con las muñecas atadas a ambos lados de una barra. Los pies los tenía atados a una tabla del suelo de forma que sus piernas se mantenían separadas más o menos un metro. Pero lo mejor de todo es que no llevaba absolutamente nada de ropa. Antes de colgarla la había desnudado completamente y ahora podía deleitarme con la visión de su cuerpo sin ningún tipo de impedimento. Eva era una chica joven y guapa, con un cuerpo con curvas extremadamente sensuales. Su larga melena oscura caía sobre su hombro izquierdo. Sus grandes y redondos pechos destacaban en su bello torso. Más abajo, unas anchas caderas daban paso al triángulo de vello negro, que bien recortadito, en esa posición, ocultaba solo parcialmente su sexo.
Eva era una chica muy segura de sí misma, pero huraña e insensible a los sentimientos de los demás, o al menos conmigo así lo había demostrado. Formamos parte de un grupo de amigos y amigas que salimos juntos a menudo. Todo empezó cuando yo le pedí si quería salir conmigo. Su respuesta fue de lo más denigrante posible. Me dijo claramente que ella valía mucho más que yo y que se merecía algo mucho mejor. Eso no fue todo porque a partir de ese momento, cada vez que nos reuníamos con los amigos siempre encontraba la ocasión para intentar degradarme frente a los demás. Una vez era por mi altura (soy algo bajito), otra por mi indumentaria, otra por mi peinado. Cualquier excusa era buena para meterse conmigo.
Pero ahora estaba en mi poder. La noche anterior conseguí ponerle un narcótico en la bebida y cuando empezaba a encontrarse mal me las arreglé para ofrecerme a llevarla a casa, cosa que no hice, por supuesto.
Ahora era totalmente mía y haría todo lo posible para domarla. No sabía si lo conseguiría, pero lo que sí era seguro es que pasaría un buen rato a costa de ella.
Creo que ya estaba empezando a despertarse porque vi que movía sus párpados. Lo primero que debió notar es que tenía brazos y piernas atadas porque comenzó a forcejear. Poco tardó en darse cuenta de que no llevaba nada de ropa y abriendo los ojos como platos me vio por primera vez.
-¡Pero que me has hecho cerdo cabrón! ¡Suéltame inmediatamente o te mataré!
Yo me levanté con parsimonia de mi silla y sin hacer ni el más mínimo caso de la sarta de improperios e insultos que salían de su boca fui rodeándola sin dejar de mirarla.
-Hoy te daré una buena lección jovencita
-¡Cerdo!
Cuando llegué a su espalda le di una palmada en las nalgas y con las dos manos intenté atraparle sus grandes pechos. Su reacción fue rápida. Como las ligaduras le permitían cierto movimiento, rápidamente bajó su cabeza y me mordió el antebrazo derecho. Afortunadamente yo logré apartarlo y así el mordisco, aunque doloroso, no fue de lleno ya que, si no, posiblemente me habría arrancado parte de la carne.
-¿Así que esas tenemos eh?
-Si, si te acercas otra vez te voy a arrancar todo el brazo, ¡cerdo inmundo!
-No, creo que de momento no voy a acercarme. Voy a usar contigo un látigo para caballos que, evidentemente, tiene un alcance mucho mayor que tus infernales dientes.
-No creo que vayas a hacer eso.
-Pienso darte latigazos hasta convertirte en una buena chica. Porque en el fondo eres una buena chica, ¿verdad?
-Ni se te ocurra tocarme o te mato ¡animal!
Así que me situé a su espalda, tiré el brazo hacia atrás y dirigí los impactos a su hermoso y desnudo trasero
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡Cretino!
-Voy a darte latigazos hasta domarte por completo. Así que prepárate para sufrir
-¡Ow!
El látigo de caballos normalmente no corta la piel, pero puede causar mucho dolor así que medí mucho la fuerza de mis golpes para evitar que la chica llegara a desmayarse. No quería que eso pasara, quería que fuera asimilando lentamente su castigo.
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡Mierda!
-¡Ow!
-Esto es lo que realmente necesitabas
-¡Ow!
-Hace mucho tiempo
-¡Ow! ¡Déjame ir!
-Creo que cuando termine contigo vas a estar durante un buen tiempo sin poder sentarte
-¡Ow!
Me acerqué a la chica y la rodeé sin dejar de mirarla. Eva, con un rápido movimiento intentó morderme otra vez, pero no pudo llegar a alcanzarme.
-Las chicas buenas no muerden, así que seguiremos
-¡Ow!
-Te voy a quitar esa agresividad
-¡Déjame ir! ¡Ow!
Me acerqué a la chica por detrás y le sobé el trasero que empezaba a mostrar ya varias estrías rojas. Eva se limitó esta vez a ladear la cabeza mirarme con un aspecto desafiante.
-Creo que te estás calmando ¿eh? Pero esa mirada desafiante, te la voy a quitar a latigazos
-¡Ow!, ¡Ow!
-Aun no te he oído pedirme perdón por el mordisco
-¡Ow!
El trasero de la chica ya empezaba a estar bastante castigado así que empecé a alternar los latigazos también en sus muslos
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡Uauh!
-Vigila, animal, que has estado a punto de golpearme ahí…
En el último golpe el látigo se había enroscado alrededor de su cadera derecha y la punta había impactado en su monte de venus, unos centímetros por encima de su sexo.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Sigo esperando esas disculpas
-¡Ow!
-Luís, no sé cuánto tiempo resistiré ¡Ow!
Volví a acercarme por detrás y le sobé de nuevo el maltratado trasero. Uno de mis dedos se coló entre sus nalgas y pasó subrepticiamente por la entrada de su ano, a pesar del movimiento de cadera de la chica que esta vez se limitó únicamente a bajar los ojos.
Volví hacia atrás y continué la flagelación
-¡Ow! ¡Ow!
-Lo siento…
-¡Ow!
-Mas fuerte y claro
-¡Ow!
-Luís, siento haberte mordido, perdóname por favor
Ya había dado el primer paso, pero estaba determinado a seguir hasta el final. Me acerqué por detrás y después de inspeccionar a conciencia sus enrojecidos glúteos le rodeé la cintura pasando las manos por su estómago y llegando a rozar ligeramente sus pechos. Esta vez no hubo ningún intento de mordisco.
Retrocedí de nuevo a mi posición y blandí de nuevo el látigo. Como su trasero ya estaba realmente muy castigado decidí añadir su espalda a mis objetivos
-¡Ow!, ¡Ow!
-Ahora que ya me has pedido perdón
-¡Ow!
-Falta el segundo paso
-¡Ow!
-Solo voy a parar si te humillas por completo
-¡Ow!
-Debes humillarte al máximo, tanto como se te pueda llegar a ocurrir
-¡Ow!
-Tenemos tiempo de sobras
-¡Ow!
Era muy excitante ver como cada vez que el látigo impactaba en su espalda tendía a arquear su cuerpo hacia adelante, exponiendo más su trasero que, indudablemente era mi siguiente objetivo. Al golpear su culo instintivamente tiraba este hacia adelante exponiendo más su espalda que es donde iría dirigido el próximo impacto.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Yo me lo estoy pasando en grande así que no tengo ninguna prisa
-¡Ow!
-¡Uaauh
Eva se retorcía y gemía. Al golpear la espalda en mi último golpe, la punta del látigo se había enroscado hacia adelante impactando de lleno en su pecho derecho que empezó a botar en todas direcciones como si quisiera desprenderse de su torso.
-Por favor, Luís no me golpees en los pechos. Me voy a morir
Yo dirigí los latigazos de nuevo a su trasero y a sus muslos
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡Ow!
Volví a acercarme a ella para darle un cachete en su dolorido trasero. Ya no se veía en su cara ningún tipo de resistencia e intuí que algunas lágrimas descendían por sus mejillas.
Regresé a mi posición para retomar los latigazos
-¡Ow!, ¡Ow!
-Ya sabes cuando pararé
-¡Ow!
-A ver que se te ocurre
-¡Ow!
-Pues… no sé… tócame las tetas, Luís
-¡Ow!
-Por favor, Luís, tócame las tetas y si quieres tócame también los pezones
-No, así no, tienes que pedírmelo
-¡Ow!
-Por favor, Luís, tócame las tetas y pellízcame los pezones, pero con suavidad que los tengo muy sensibles.
Íbamos avanzando en el proceso de doma. Así que me acerqué por detrás de ella y con las dos manos empecé a sobar sus dos grandes pechos. Ahora simplemente se limitó a bajar la mirada. Su cara no mostraba ni rastro de su anterior altivez y ahora más bien parecía estar a punto de pedir clemencia. Después de amasar sus pechos, empecé a estirarle los pezones con la fuerza suficiente para notar que le generaba una cierta incomodidad, pero aguantó sin decir nada. Después de jugar así un rato volví a ocupar mi posición y al poco tiempo el látigo volvía a cortar el aire.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Vas avanzando
-¡Ow!
-Pero recuerda que te dije que debes humillarte al máximo
-¡Ow!
-Y evidentemente esto no es suficiente
-¡Ow!
-Ya te he dicho que tengo mucho tiempo
-¡Ow!
Volví a acercarme tras ella y mientras le magreaba los glúteos al tiempo que oía los quejidos de la chica le dije cerca del oído:
-Ya sabes cuando pararé. Cuando te hayas humillado hasta un punto que nunca hubieras podido llegar ni a imaginar
Después volví a lo mío y reemprendí el uso del látigo
-¡Ow!, ¡Ow!
-Por favor, Luís…
-¡Ow!
-Adelante ya sabes, humíllate
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡No puedo más!
-¡Ow!
-Luís…
-¡Ow!
-¡Ow!
-Tócame el coño, por favor, Luís. Tócamelo todo. Tócame los labios y el clítoris. Luís, por favor quiero que juegues con mi clítoris.
La doma iba por buen camino. Lo había dicho entre sollozos, pero con determinación. Me acerqué a ella y pasé la mano izquierda entre sus muslos por detrás para empezar a tocarle los labios de su sexo. Al mismo tiempo que apresaba sus labios menores, con la mano derecha empezaba a juguetear con su botoncito de placer. Ella se dejaba hacer sin ninguna resistencia excepto algún que otro movimiento de cadera. Decidí no alargarme mucho con los tocamientos ya que tampoco quería que se excitara (yo ya lo estaba hacía tiempo). Sabía que ya había vencido su resistencia, pero aún le iba a exigir más, mucho más. Así que, al cabo de un momento, volví a recuperar mi posición tras ella y el látigo volvió a impactar en su trasero.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Muy bien, vas por el buen camino
-¡Ow!
-Pero debes recordar una palabra
-¡Ow!
-Al máximo, debes humillarte al máximo
-¡Ow!
-¡Ow!
-Tenemos tiempo, ya se te ocurrirá algo realmente humillante
-¡Ow!, ¡Ow!
-Por favor, Luís….
-¡Ow!
-Por favor, Luís, fóllame por el culo. Fóllame duro por atrás, por favor. Se que tal y como lo tengo me dolerá mucho, pero lo merezco por puta. No soy más que una puta que te ofrece su culo.
Al tiempo que decía esto con lágrimas en los ojos atrasó su culo al máximo que permitían sus ligaduras echando a la vez su cuerpo adelante, cosa que inevitablemente provocó que sus pechos colgaran libremente incrementando aun su ya considerable tamaño. No podía creer lo que me había dicho, entre sollozos sí, pero con voz clara y alta mostrando la decidida posición de sumisión que había adoptado.
-Por favor, Luís, méteme tu polla hasta el fondo de mi culo de puta y destrózame. Es lo que merezco.
Yo me acerqué lentamente por detrás y bajé la cremallera de mi pantalón para liberar mi virilidad exacerbada. Sabía que la penetración sería dolorosa así que, como mínimo, lubriqué la punta con un poco de saliva antes de colocarla frente a su ojete. La penetré lentamente, pero sin parar, a pesar de sus lastimeros quejidos. Una vez dentro le agarré fuertemente la cintura y empecé a embestirla sin piedad. Oía el sonido rítmico que producía el golpeteo de sus pechos que se movían libremente contra su torso. A pesar de mi gran excitación logré durar bastante hasta que finalmente le inundé las entrañas.
-Gracias Luís. Me lo merecía.
Explicado por Eva
De pronto noté como me despertaba de un intenso sopor. Lo último que recordaba era haber solido con el grupo de amigos y haberse empezado a encontrar mal. No sé qué me había pasado, pero ahora me sentía como aturdida y con un sabor extraño en la boca. Creo que estaba de pie y cuando intenté mover brazos y piernas me di cuenta de que no respondían, que tenía la capacidad de movimiento limitada. Fue entonces cuando abrí los ojos y vi que tenía las muñecas atadas a una barra que colgaba del techo. Al bajar la mirada para ver qué le sucedían a mis pies me di cuenta, con horror y estupefacción que estaba completamente desnuda. Fue entonces cuando le vi a él, a Luís y aunque instintivamente intenté hacer algo, rápidamente me di cuenta de que no había ninguna posibilidad de cubrir mi desnudez.
Mi mente se iba aclarando. Evidentemente Luís había sido el responsable de mi penosa situación actual. Seguro que me había puesto alguna droga en la bebida y pretendía abusar de mí. Lo que no podía llegar a pensar es el motivo. Es verdad que hacía un tiempo lo había rechazado y que alguna vez me había reído de él, pero nada importante. De hecho, era un don nadie, sin atractivo y sin personalidad. Yo siempre lo había considerado el patito feo del grupo.
Cuando le vi y pude recuperar un poco el aliento estallé
-¡Pero que me has hecho cerdo cabrón! ¡Suéltame inmediatamente o te mataré!
¿Pero que se había creído ese niñato? Tratarme a mí de esa manera le iba a salir muy pero que muy caro. Vi que se levantaba con parsimonia de su silla y mientras me rodeaba sin dejar de mirarme aproveché para colocarle en su lugar y para decirle claramente lo que era.
-Hoy te daré una buena lección jovencita
-¡Cerdo!
Le vi desaparecer a mis espaldas y me dio una palmada en las nalgas y con las dos manos intentó agarrarme los pechos. Eso sí que no se lo permitiría. Reaccioné rápidamente, bajando la cabeza y propinándole un soberano mordisco en el antebrazo derecho. Lástima que no lograra acertarle totalmente de lleno ya que, con lo furiosa que estaba, si lo hubiera hecho, le habría arrancado parte del brazo.
-¿Así que esas tenemos eh?
-Si, si te acercas otra vez te voy a arrancar todo el brazo, ¡cerdo inmundo!
-No, creo que de momento no voy a acercarme. Voy a usar contigo un látigo para caballos que, evidentemente, tiene un alcance mucho mayor que tus infernales dientes
-No creo que vayas a hacer eso.
-Pienso darte latigazos hasta convertirte en una buena chica. Porque en el fondo eres una buena chica, ¿verdad?
-Ni se te ocurra tocarme o te mato ¡animal!
Estaba totalmente convencida que iba de farol y que no iba a tocarme. Al final tendría que soltarme. Aprecié que Luís se iba situando a mi espalda y dejé de verlo, cuando de pronto oí un chasquido y noté un intenso dolor en mi preciado trasero, seguido inmediatamente de otro más.
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡Cretino!
-Voy a darte latigazos hasta domarte por completo. Así que prepárate para sufrir
-¡Ow!
No podía creer que me estuviera pegando con un látigo. A cada golpe sentía un dolor lacerante, pero pensaba resistir. En algún momento me tendría que soltar y le haría pagar todo esto.
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡Mierda!
-¡Ow!
-Esto es lo que realmente necesitabas
-¡Ow!
-Hace mucho tiempo
-¡Ow! ¡Déjame ir!
-Creo que cuando termine contigo vas a estar durante un buen tiempo sin poder sentarte
-¡Ow!
Ya tenía el culo completamente dolorido y pude ver que esa bestia empezaba a dar la vuelta a mi alrededor sin dejar de mirarme. Pensé que esa era mi oportunidad y lancé la cabeza dispuesta a morderle otra vez, pero esta vez las ataduras no permitieron que alcanzara mi destino.
-Las chicas buenas no muerden, así que seguiremos
-¡Ow!
-Te voy a quitar esa agresividad
-¡Déjame ir! ¡Ow!
El dolor era cada vez mayor ya que los latigazos impactaban sobre carne ya tremendamente dolorida. Noté que Luís volvía a acercarse por detrás y me sobó el trasero hecho que me produjo un dolor adicional. Ladee la para mirarlo y poder adivinar sus intenciones para tener mi oportunidad.
-Creo que te estás calmando ¿eh? Pero esa mirada desafiante, te la voy a quitar a latigazos
-¡Ow!, ¡Ow!
-Aun no te he oído pedirme perdón por el mordisco
-¡Ow!
Mi trasero ya empezaba a estar muy castigado. Estaba empezando a sufrir enormemente cuando noté que los latigazos llegaban también a mis muslos
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡Uauh!
-Vigila, animal, que has estado a punto de golpearme ahí…
En el último golpe el látigo se había enroscado alrededor de mi cadera derecha y la punta había impactado dolorosamente en mi monte de venus, unos centímetros por encima de mi preciado sexo.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Sigo esperando esas disculpas
-¡Ow!
Lo estaba pasando francamente mal y no veía en él intención alguna en detener el castigo. Los golpes en los muslos eran también tremendamente dolorosos sobre todo los que impactaban justamente bajo mis glúteos. Así que con voz queda logré decir:
-Luís, no sé cuánto tiempo resistiré ¡Ow!
Noté que me estaba sobando de nuevo mi maltratado trasero. Noté como uno de sus dedos se introducía entre mis nalgas y pasaba subrepticiamente por la entrada de mi ano. Yo moví la cadera para dificultar cualquier acción suya pero debido al dolor que sentía no pude hacer nada más que dirigir mi mirada al suelo.
Desgraciadamente mi castigo continuó
-¡Ow! ¡Ow!
Realmente ya no podía más. Pensaba que podría resistir eso y más pero el trasero y los muslos me ardían así que casi sin querer dije:
-Lo siento…
Aunque estoy segura de que me había oído no me sirvió de mucho ya que recibí un nuevo latigazo en mis nalgas
-¡Ow!
-Mas fuerte y claro
-¡Ow!
El dolor era tal que me tragué el orgullo y acerté a decir con voz firme
-Luís, siento haberte mordido, perdóname por favor
Noté que se acercaba otra vez por detrás y empezó a tocar mis pobres glúteos y después, me rodeó la cintura pasando sus manos por mi estómago y llegando a rozar ligeramente mis pechos. Pasó brevemente por mi mente la idea de morderle de nuevo, pero solo pensar en el suplicio que esa acción podría acarrearme lo descarté totalmente. Seguro que ahora ya me dejaría libre.
Al cabo de unos breves instantes noté que reanudaba su castigo, pero ahora con unos latigazos en mi desprotegida espalda.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Ahora que ya me has pedido perdón
-¡Ow!
-Falta el segundo paso
-¡Ow!
-Solo voy a parar si te humillas por completo
-¡Ow!
-Debes humillarte al máximo, tanto como se te pueda llegar a ocurrir
-¡Ow!
-Tenemos tiempo de sobras
-¡Ow!
No sé qué quería decir con eso de humillarme, pero ya estaba asimilando que tendría que hacer lo que él quisiera ya que no podría aguantar mucho más ese tormento. Cada vez que el látigo impactaba en mi espalda mi torso salía disparado hacia adelante, exponiendo más mi trasero que, desafortunadamente era el que recibía el siguiente golpe. Al golpearme es culo instintivamente tiraba este hacia adelante exponiendo más la espalda que es donde recibiría el próximo impacto. Así que mi situación se estaba convirtiendo en desesperada.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Yo me lo estoy pasando en grande así que no tengo ninguna prisa
-¡Ow!
-¡Uaauh
Empecé a gemir y a retorcerme. Al golpear la espalda en su último golpe, la punta del látigo se había enroscado hacia adelante impactando de lleno en mi pecho derecho provocándome un dolor horrible. Eso sí que no lo podía soportar
-Por favor, Luís no me golpees en los pechos. Me voy a morir.
No me había aún recuperado cuando los latigazos comenzaron de nuevo a impactar em mi trasero y mis muslos
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡Ow!
No sabía cuántos golpes había recibido, pero estaba más que rota. Recibí un cachete en mi maltratado trasero que me hizo volver a ver las estrellas. Había perdido toda la resistencia y algunas lágrimas descendían por mis mejillas.
Ante mi desesperación volvieron a arreciar los latigazos.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Ya sabes cuando pararé
Yo quería hacer algo, pero no tenía muy claro qué
-¡Ow!
-A ver que se te ocurre
-¡Ow!
Pensé en que la única forma de quizá parara sería invitarle a jugar con mi cuerpo así que, sin pensarlo más le solté:
-Pues… no se… tócame las tetas, Luís
-¡Ow!
No funcionó así que me apresuré a añadir el por favor y algo más:
-Por favor, Luís, tócame las tetas y si quieres tócame también los pezones
-No, así no, tienes que pedírmelo
-¡Ow!
Pues sí, se lo iba a pedir si eso acababa con los latigazos.
-Por favor, Luís, tócame las tetas y pellízcame los pezones, pero con suavidad que los tengo muy sensibles.
Creo que le gustó lo que dije ya que los latigazos cesaron, pero en cambio mis tetas fueron manoseadas sin remedio. Yo ya no podía más y si a cambio de no lastimarme más me tenía que dejar tocar, lo aceptaba. Cuando se cansó de mis pechos comenzó a estirar mis pezones hasta que empezaron a hacerme daño, pero lo aguanté. Pensaba que allí finalmente habría acabado todo, pero al poco tiempo oí como el látigo volvía a cortar el aire y lo que es peor, volvía a impactar en mi trasero.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Vas avanzando
-¡Ow!
-Pero recuerda que te dije que debes humillarte al máximo
-¡Ow!
-Y evidentemente esto no es suficiente
-¡Ow!
-Ya te he dicho que tengo mucho tiempo
-¡Ow!
Ya me había magreado los pechos a su antojo ¿Qué debía pedirle ahora? Mientras pensaba en eso noté que volvía a acercarse por detrás a sobarme los glúteos. Oleadas de dolor hicieron que se escaparan algunos quejidos mientras oía que me decía:
-Ya sabes cuando pararé. Cuando te hayas humillado hasta un punto que nunca hubieras podido llegar ni a imaginar
Después de esto volví a notar nuevos impactos, cada vez más dolorosos
-¡Ow!, ¡Ow!
-Por favor, Luís…
-¡Ow!
-Adelante ya sabes, humíllate
-¡Ow!, ¡Ow!
-¡No puedo más!
Si lo de mis pechos había funcionado parcialmente pensé que el paso siguiente era bastante evidente. Él estaba esperando a que le pidiera que tocara mi sexo que, hasta el momento, seguía expuesto, pero indemne.
-¡Ow!
-Luís…
-¡Ow!
Se lo pediría, sí, pero con detalle para que entendiera que ya estaba humillándome
-¡Ow!
-Tócame el coño, por favor, Luís. Tócamelo todo. Tócame los labios y el clítoris. Luís, por favor quiero que juegues con mi clítoris.
Casi ni me recocí diciendo aquello. Luís se acercó a mí y pasó su mano izquierda entre mis muslos por detrás para empezar a tocarme los labios de mi sexo. Con sus dedos noté como apresaba mis labios menores, mientras que con la mano derecha empezaba a juguetear con mi botoncito de placer. Me dejé hacer sin ninguna resistencia, pero mi cuerpo reaccionó ante tal humillante intromisión en mis partes privadas con algún movimiento de cadera. Ahora si estaba convencida que ahí se había acabado mi tortura, pero un momento después de volver a tener mi coño libre noté el dolor de unos nuevos latigazos en mi trasero.
-¡Ow!, ¡Ow!
-Muy bien, vas por el buen camino
-¡Ow!
-Pero debes recordar una palabra
-¡Ow!
-Al máximo, debes humillarte al máximo
-¡Ow!
¿Al máximo? ¿No le parecía ya suficientemente humillante que me tuviera allí atada y desnuda a su merced y que le hubiera pedido sin reparos que me tocara mis partes íntimas? ¿Qué más tenía que hacer?
-¡Ow!
-Tenemos tiempo, ya se te ocurrirá algo realmente humillante
-¡Ow!, ¡Ow!
Se me ocurrió que lo único que me quedaba hacer es pedirle que me follara allí mismo. Eso sería terriblemente humillante, pero ¿sería suficiente?
-Por favor, Luís….
-¡Ow!
El dolor era ya insoportable y decidí que me lo jugaría todo en esta baza. Me humillaría todo lo que fuera capaz.
-Por favor, Luís, fóllame por el culo. Fóllame duro por atrás, por favor. Se que tal y como lo tengo me dolerá mucho, pero lo merezco por puta. No soy más que una puta que te ofrece su culo.
Al tiempo que decía esto con lágrimas en los ojos atrasé mi culo al máximo que me permitían las ligaduras echando a la vez mi cuerpo adelante, cosa que inevitablemente provocó que mis pechos colgaran libremente. No podía creer lo que había dicho, pero no se me ocurrió nada más humillante que ofrecerle mi agujero trasero en la posición de clara sumisión que había decidido adoptar.
-Por favor, Luís, méteme tu polla hasta el fondo de mi culo de puta y destrózame. Es lo que merezco.
Luís se acercó lentamente por detrás y oí como se bajaba la cremallera del pantalón. Sabía que le estaba presentando completamente el culo y que al tener las piernas separadas tendría fácil acceso a mi agujero trasero. La penetración iba a ser dolorosa así que, mentalmente me preparé este último desafío. Noté la punta de su miembro como forcejeaba con la entrada de mi ano hasta que esta cedió y me penetró totalmente, sin que yo pudiera evitar emitir quejidos de dolor. Una vez dentro me agarró fuertemente de la cintura y empezó a embestirme sin piedad. Mis pechos saltaban libremente y golpeaban contra mi torso. Al cabo de un rato que se me hizo eterno noté como su corrida llenaba mis intestinos. Agotada y dolorida creo que instintivamente le dije:
-Gracias Luís. Lo merecía
Por frank023