Sin pedir permiso: Hablemos de ARTE, hoy “Cuando la canción aprendió a decirnos quiénes éramos (y cuando empezamos a dejar de escucharnos).”
Estamos tanteando. Probando miradas. Procurando que el arte se deje escuchar, se deje mirar y, con el tiempo, se deje entender sin necesidad de pedir permiso.
Porque el arte no es una pieza colgada en una pared ni un objeto intocable dentro de un museo. El arte es, antes que nada, una forma de mirar el mundo.
Toda creación es hija de una época, incluso cuando intenta negarlo. Las canciones que cantamos sin pensar, las películas que nos marcaron, los libros que seguimos recordando, hablan del contexto en el que nacieron: de sus miedos, sus deseos, sus promesas y también de sus excesos.
El arte también es profundamente personal. Es gusto, afinidad, experiencia íntima. Y el gusto no se disculpa ni se justifica. Aquello que nos conmueve, que nos acompaña, que nos hace volver una y otra vez, tiene valor por el simple hecho de haber dejado huella. No todo lo cultural tiene que gustarnos, y no todo lo que nos gusta necesita una validación académica para ser importante.
Hubo un tiempo —no tan lejano y, sin embargo, ya casi irreconocible— en el que la música popular no era solo entretenimiento: era un termómetro social. No hacía falta leer editoriales ni discursos políticos para intuir que algo estaba cambiando; bastaba con encender la radio y dejar que las canciones hicieran su trabajo silencioso.
Podcast 1 – Sin pedir permiso: Hablemos de ARTE, hoy “Cuando la canción aprendió a decirnos quiénes éramos (y cuando empezamos a dejar de escucharnos).” Estamos tanteando. Probando miradas. Procurando que el arte se deje escuchar, se deje mirar y, con el tiempo, se deje entender sin necesidad de pedir permiso. Porque el arte no es una pieza colgada en una pared ni un objeto intocable dentro de un museo. El arte es, antes que nada, una forma de mirar el mundo. Toda creación es hija de una época, incluso cuando intenta negarlo. Las canciones que cantamos sin pensar, las películas que nos marcaron, los libros que seguimos recordando, hablan del contexto en el que nacieron: de sus miedos, sus deseos, sus promesas y también de sus excesos. El arte también es profundamente personal. Es gusto, afinidad, experiencia íntima. Y el gusto no se disculpa ni se justifica. Aquello que nos conmueve, que nos acompaña, que nos hace volver una y otra vez, tiene valor por el simple hecho de haber dejado huella. No todo lo cultural tiene que gustarnos, y no todo lo que nos gusta necesita una validación académica para ser importante. Hubo un tiempo —no tan lejano y, sin embargo, ya casi irreconocible— en el que la música popular no era solo entretenimiento: era un termómetro social. No hacía falta leer editoriales ni discursos políticos para intuir que algo estaba cambiando; bastaba con encender la radio y dejar que las canciones hicieran su trabajo silencioso. arte musica divagaciones actualidad educativo