El trio anal de Luz

El trio anal de Luz

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Luz en esa época, tenía alrededor de 18, había engordado más de lo usual, estaba media ansiosa por algunos problemas familiares y lo canalizaba con la comida. Con la comida y el sexo.

Era un jueves al mediodía, durante el recreo. Estábamos sentadas en un lugar aislado, charlando entre nosotras, como siempre. Me miró con esa cara de “te voy a pedir algo” y empezó a hablar bajito:

–Te tengo que contar algo… me invitaron a un trío.

Me quedé mirándola con los ojos bien abiertos.

–¿Un trío? ¿Otra vez?

–Sí… –dijo sonriendo nerviosa–. Es con un chico que ya me cogí hace como dos semanas. Ahora me propuso hacer un trío con un amigo suyo. Le dije que sí. Vamos a ir a un telo el lunes a la tarde/noche, a menos que consigamos lugar.

Yo suspiré, ya sabiendo por dónde venía.

–Y obviamente… –continuó Luz– mi vieja no me deja salir ni a la esquina porque estoy re mal con las notas. Me dijo que si me iba mal este trimestre me sacaba todo. Entonces… ¿me podés cubrir? Le voy a decir que voy a tu casa a estudiar para un trabajo práctico. Si me llama o algo, decís que estoy ahí con vos, por favor…

Me miró con cara de perrito y las manos juntas.

–Por favor, Jose… Solo esta vez. Te juro que después me pongo a estudiar de verdad. Es que tengo muchas ganas.

Se mordió el labio y bajó la voz todavía más:

–No sabés lo que está el amigo.

Se quedó callada mirándome, esperando mi respuesta.

–Está bien, Luz –le dije rezongando–. Te cubro. Decile a tu vieja que venís a mi casa el lunes a estudiar. Pero por favor manteneme al tanto… mandame la ubicación del telo cuando llegues, o al menos un mensaje diciendo que estás bien. No quiero estar toda la tarde preocupada.

Luz me abrazó fuerte y me dio un beso en la mejilla.

–Te amo, Jose. Sos la mejor. Te juro que te mando mensajes.

Pasaron los días. El lunes estuve todo el día nerviosa, mirando el celular cada cinco minutos. No me mandó ni un mensaje. Ni ubicación, ni “ya llegué”, nada. Me dormí preocupada esa noche.

El martes Luz faltó al colegio. Le mandé mensaje al mediodía:

Jose: ¿Todo bien? ¿Qué pasó ayer?

Luz: Todo bien Jose 🙂 Estoy viva, bueno, es un decir, jajaja. Después te cuento todo.

El miércoles apareció por fin. Llegó tarde, con ojeras pero con una cara de quien sabe que tiene una bomba para contar. En el recreo se acercó y me dijo bajito:

–Después de clases te cuento todo. No me preguntes ahora.

Apenas sonó el timbre de salida, agarramos las mochilas y nos fuimos caminando hasta el McDonald’s que quedaba a unas cuadras del colegio. Pedimos algo para merendar. Buscamos la mesa más aislada del fondo, al lado de la ventana pero lejos de la gente. Nos sentamos una frente a la otra. Luz miró alrededor para asegurarse que nadie de otras mesas nos escuchara, se inclinó hacia adelante y empezó:

–Ay, Jose… no sabés la tarde que tuve el lunes. Fue una locura…

Bajó un poquito más la voz y me siguió contando:

–El lunes a la mañana le mandé un mensaje al Nicolás, tipo 10 de la mañana, y le escribí: “Che, me vino justo hoy… ¿cancelamos?”. Pensé que se iba a poner mala onda y que íbamos a dejarlo para otro día.

Pero me respondió rapidísimo: “A mí no me jode para nada. Si a vos no te molesta, podemos ir igual. Total nos podemos divertir los tres de otra manera”.

Me quedé pensando un segundo… y le dije que sí. Total, yo estaba con ganas de chupar pija, ajajaj.

Después de clases, Nicolás me pasó a buscar en el auto de su viejo. Fuimos hasta la casa de su amigo, que se llama Matías. Era un departamento chico, pero re limpio. Nos quedamos un rato en el living hablando boludeces y fumando un porro entre los tres. Yo ya estaba re caliente.

Al rato Matías dijo “¿vamos al cuarto?”. Nos fuimos los tres. Apenas entramos, me arrodillé en el medio de los dos sin que me dijeran nada. Les bajé los pantalones a los dos y empecé a chupársela intercaladamente.

Luz hizo el gesto con las manos y la boca mientras me contaba, moviendo la cabeza de un lado a otro:

–Primero le chupaba a Nicolás un rato… después sacaba y se la chupaba toda a Matías. Después vuelta con Nicolás… y así. Les hacía pajas con las manos mientras chupaba al otro. Los dos gemían y me agarraban el pelo. Me decían “qué buena puta que sos” y la verdad es que me ponía re loca.

Luz siguió contándome, todavía haciendo gestos con las manos y bajando la voz en las partes más fuertes:

–Estaba arrodillada entre los dos, chupando una pija y después la otra, babeando todo. En un momento levanté la mirada y les dije con la voz bien puta:

–Quiero que me acaben en la boca… quiero tragársela a los dos.

Nicolás y Matías se miraron y sonrieron. Empezaron a pajearse mientras yo les chupaba la cabeza. Primero acabó Nicolás: me agarró la cabeza y me llenó la boca de leche. Tragué todo sin sacarla, mirándolo a los ojos. Después le seguí chupando un poco más hasta que se vació del todo.

Al toque Matías gimió y me acabó en la boca también. Me llenó la boca de bastante leche. Tragué todo, Jose… hasta la última gota. Me limpié los labios con el dedo y les mostré la lengua para que vieran que me lo había tragado todo.

Después nos tiramos los tres en la cama, yo en el medio. Estábamos sudados y respirando fuerte. Yo todavía tenía el gusto de los dos en la boca. Al rato les pedí:

–¿Alguno me puede chupar la concha? Estoy re caliente…

Matías no se hizo rogar. Se bajó entre mis piernas, me abrió los muslos y empezó a lamerme y chuparme el clítoris. Estaba re sensible y no tardé casi nada: acabé en su boca en menos de dos minutos, temblando y apretándole la cabeza con los muslos. Gemí re fuerte boluda, creo que se deben haber dado cuenta hasta los vecinos de la otra manzana.

Después descansamos un toque más. Nos quedamos tirados, fumando otro porro, tocándonos suave. Yo tenía la cabeza apoyada en el pecho de Nicolás mientras Matías me acariciaba la cola…

Luz se detuvo y tomó un sorbo de su café, mirándome con una sonrisa y siguió contándome sin filtro, con la voz baja pero emocionada:

–Estábamos tirados en la cama, yo todavía recuperándome del orgasmo que me había hecho Matías. Nicolás me acariciaba las tetas y de repente me preguntó:

–¿Querés que te coja ahora, Luz?

Yo hice un gesto de incomodidad y le dije:

–Perdón, estoy muy sensible cuando estoy menstruando… me duele un poco, bah me incomoda, prefiero que no.

Matías, que estaba del otro lado, se incorporó y me miró con una sonrisa:

–¿Y anal? ¿Hacés anal?

Yo me hice la difícil, me mordí el labio, miré para otro lado como si estuviera pensando y le respondí bajito:

–Sí… hago anal.

Los dos se miraron entre ellos como si se hubieran sacado la lotería, ahí me di cuenta que sentencié mi destino. Nicolás se levantó rápido, fue hasta su mochila y trajo lubricante. Me puso en cuatro patas en el medio de la cama y me bajó la tanga.

Me abrió la cola con las dos manos y empezó a ponerme lubricante. Primero sentí frío en el agujerito, después metió un dedo despacio, girándolo. Después dos dedos. Me dilataba despacio pero firme, metiendo y sacando los dedos mientras yo gemía bajito contra la almohada.

–Mirá qué culo que tiene esta–decía Matías mientras miraba.

Nicolás seguía trabajando mi culito, agregando más lubricante, abriéndome cada vez más. Yo ya estaba temblando de anticipación…

Luz se quedó callada un segundo, mirándome con los ojos brillantes.

–Nicolás terminó de dilatarme con los dedos, me puso más lubricante y se arrodilló atrás mío. Apoyó la cabeza de la pija contra mi culo y empujó. Entró de una sola vez, bien profundo. Gemí fuerte contra la almohada.

Empezó a cogerme despacio pero profundo. A los pocos minutos me dijo jadeando:

– Luz… como se te abre esa cola.

Yo, con la voz entrecortada por las embestidas, le respondí:

–Sí… bien dilatada para vos…

Él aceleró un poco y soltó un gemido:

–Me encanta cómo traga pija tu culo… mirá cómo me la chupa toda…

Yo me mordí el labio y le contesté entre gemidos:

–Me encanta… me encanta que me rompas el culo…

Matías estaba al lado mirando todo, pajándose. Al rato no aguantó más y dijo:

–Ahora me toca a mí.

Nicolás se sacó y Matías se puso atrás mío. No fue suave para nada. Apoyó la pija y me la metió de golpe, casi sin darme tiempo. Empezó a cogerme re violentamente, agarrándome fuerte de las caderas y tirándome contra él con cada embestida. Me estaba rompiendo el culo.

Yo empecé a gritar y a putear sin poder evitarlo:

–¡Aaaah! ¡Hijo de puta! ¡Más despacio! ¡Me estás rompiendo!

Pero Matías no bajaba el ritmo, al contrario, me cogía más fuerte, dándome cachetadas en la cola. Yo seguía gritando y puteando entre gemidos:

–¡Ay hijo de puta! ¡Qué pija grande! ¡Como me rompés el culo!

Luz hizo una pausa, con las mejillas coloradas, y me miró:

–Te juro que pensé que me iba a partir en dos, Jose… pero también me estaba encantando.

Luz miró alrededor para asegurarse que nadie nos escuchaba, se acercó más a la mesa y siguió contándome con la voz baja pero cargada de excitación:

–Matías me estaba rompiendo el culo sin piedad, Jose. Me cogía re fuerte, agarrándome las caderas con las dos manos y tirándome contra él. Yo tenía la cara enterrada en la almohada, gritando y gimiendo como loca.

–¡Aaaahh! ¡Sí! ¡Así! ¡Rompeme el culo, hijo de puta! –le gritaba.

Matías me daba cachetadas fuertes en la cola y me decía:

–Tomá, puta… tomá toda la pija en ese culo rico que tenés.

Cambió el ritmo, empezó a darme embestidas más largas y profundas, sacándola casi toda y metiéndomela hasta el fondo. Gemía cada vez más:

–¡Síííí! ¡Más adentro! ¡Me encanta que me rompan el orto!

Nicolás estaba al lado mirando todo, pajeándose. Al rato le dijo a Matías:

–Yo también quiero cogerla.

Matías se sacó y Nicolás me metió la pija de una. Empezó a cogerme más rítmico pero igual de profundo. Yo ya estaba toda sudada, la cola me ardía pero me sentía llena y re caliente. Movía el culo para atrás contra él y le rogaba:

–¡Cogeme más fuerte, Nico! ¡Rompeme el culo! ¡Quiero que me dejes el orto bien abierto!

Cambió otra vez. Matías volvió y me empezó a dar más violento, casi con bronca. Yo gritaba y gemía sin control:

–¡Ayy Dios! ¡Me estás destrozando! ¡Más! ¡No pares, por favor! ¡Me encanta tenerla tan adentro!

Estuvieron así un rato largo, intercalándose, turnándose mi culo. Uno me cogía unos minutos fuerte y después el otro. Yo no paraba de gemir y decir chanchadas:

– Cójanme los dos… llénenme el orto… ¡Quiero que me cojan como a una puta barata!

En un momento acabé del anal, temblando entera, apretando la pija que tenía adentro con el culo mientras gritaba. Pero ellos no paraban. Seguían turnándose, sudados, agarrándome fuerte, usando mi cola sin descanso.

Luz estaba colorada y con los ojos brillantes cuando terminó esa parte. Tomó un trago de café y me miró:

–Estaba destruida, Jose… pero no quería que pararan.

Luz tomó un sorbo, se limpió la boca y siguió contándome con una mezcla de vergüenza y orgullo:

-Estaban los dos re calientes, turnándose mi culo sin parar. En un momento Matías me agarró fuerte de las caderas y me dijo jadeando:

-Luz, quiero acabar adentro de tu orto… ¿me dejás?

Yo estaba destruida pero muerta de calor y le respondí sin pensarlo:

-Sí… llename el culo de leche, dale.

Matías aceleró como loco, me dio como varias embestidas y después se quedó hasta el fondo. Se sacó el forro rápido y me llenó el orto de leche caliente. Sentí los latidos adentro, bien profundo. Gemí como una puta cuando lo sentí explotar:

-¡Sííí! ¡Llename todo! ¡Dame toda tu leche en el culo!

Se quedó unos segundos adentro, vaciándose completo. Cuando la sacó, sentí cómo me chorreaba leche por el culo y los muslos.

Después le tocó a Nicolás. Me cogió un rato más y al final acabó también, pero con el forro puesto. Lo sentí palpitar adentro pero no me llenó como Matías.

Nos quedamos un rato tirados en la cama, yo con el culo lleno de leche de Matías y completamente destruida. Antes de irme les dije que había estado buenísimo y quedamos en volver a vernos.

Luz hizo una pausa, miró su vaso vacío y agregó más bajito:

-Y sí… ayer no pude ir al colegio porque estaba cansadísima, le dije a mi vieja que había dormido mal en tu casa, perdón jajaj.

-Ay Luz, sos una zarpada, me siento re virga al lado tuyo.

Nos quedamos un rato hablando de otras boludeces y la acompañé hasta la casa. La madre me saludo con un beso y me agradeció porque la estoy “ayudando” con las materias.

Ay señora, si supiera que su hija es una puta hecha y derecha.

Por Josefina

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